Si tuviéramos que enseñar ciencia de datos a distancia…

Por Marcelo Soria e Ignacio Uman

Muchos de nosotros habíamos comenzado a explorar desde antes de la pandemia de COVID-19  las posibilidades que abrieron las nuevas tecnologías. Las listas de mail ya eran una herramienta de rutina en muchos cursos desde hacía años, incluso hasta estaban cayendo en desuso. También era frecuente compartir los contenidos de las clases, como apuntes, presentaciones, links a lecturas recomendadas, a través de una página web o alguna otra plataforma virtual. Algunos hasta habíamos probado filmar algún video para YouTube. Pero si en ese momento nos hubieran preguntado si considerábamos que el futuro de la educación pasaba por ahí, la respuesta mayoritaria habría sido no. Compartimos nuestra visión en esta nota de opinión.

Alguna vez un ensayista jugaba con esta idea: si Leonardo da Vinci reviviera y lo llevaran a un quirófano, no sabría qué lugar es ese. En cambio, si lo llevaran a un aula, la reconocería de inmediato. Es cierto, hay algo esencial en la forma de dar clases que no cambió. La explicación más inmediata, y la más frecuentada, es que el ámbito educativo presenta mayor resistencia a las innovaciones de todo tipo, no solo tecnológicas. Esta explicación tiene bastante de cierto. Pero hay otras disciplinas, artes y profesiones cuyos practicantes están fuertemente apegados a los usos y costumbres y que, en contraste, fueron más abiertos a los cambios. 

Sin negar la explicación anterior, antes de avanzar preguntémonos qué es enseñar. No somos especialistas en ciencias de la educación, por lo que nuestra aproximación se da desde la práctica, tanto como alumnos como docentes. Creemos que enseñar es transmitir conocimientos y experiencia, cincuenta y cincuenta. Imaginemos a un grupo de personas 20.000 años atrás sentadas alrededor de un fuego escuchando cuál es la mejor manera de escapar de un animal que los persigue. Seguramente había otras formas de escapar, pero quien hace el relato también habría aclarado que tres vecinos terminaron devorados al probarlas. Conocimiento y experiencia, mitad y mitad. 

Una de las características que separa nuestra especie de otras especies de simios antropomorfos es nuestra facilidad para aprender. Esto es, aprehender y resignificar lo que nos enseñaron y usarlo en situaciones que no son necesariamente idénticas, sumado a una tendencia natural a retransmitirlo. Esta característica está presente en chimpancés, pero menos desarrollada, y ante un problema nuevo tienden a aplicar su inteligencia para resolverlo de cero, sin esperar tanta interacción con sus pares.

No tenemos dudas de que a lo largo de los estos siglos podríamos -deberíamos- haber desarrollado mejores tecnologías y prácticas educativas, más allá de la lógica evolución histórica de los diferentes tipos de comunicación humana (oral, escrita, audiovisual, digital, etc.) Pero también es cierto que hay un espacio limitado, porque la efectividad de compartir nuestro saber alrededor de un fuego está en nuestros genes.

En este contexto, llega marzo de 2020 y el anuncio de que se suspendían las actividades presenciales en la universidad debido a la pandemia de COVID-19. Así hubo que reorientar, en algunos casos en cuestión de días, el dictado de las materias a una modalidad virtual. Muchos tuvieron que empezar de cero. Para la mayoría de los docentes de nuestro posgrado en ciencia de datos significó que varias de las actividades y herramientas virtuales que veníamos usando como complemento, incluso como experimento, ahora se convertirían en el andamiaje de sus cursos.

No es el objetivo de esta nota repasar qué herramientas se usaron, cómo se compararon entre ellas, ni qué cambios y ajustes se fueron haciendo a lo largo de las semanas. Queremos, desde nuestra experiencia, ensayar algunas respuestas a las preguntas del título. Podemos pensar este cuatrimestre como un experimento a gran escala, no muy bien diseñado, sobre la práctica de la educación a distancia. En primer lugar es importante aclarar que en este experimento, utilizando terminología estadística, está confundida la modalidad de enseñanza con el estrés causado por la pandemia y la cuarentena. Por ejemplo, observamos que el avance de las clases era un poco más lento que lo normal, pero en este momento no sabemos si eso es algo propio de esta modalidad, o algo causado por el estrés de la  situación, o una mezcla de ambos.

En términos generales la experiencia fue muy buena. A pesar del cambio de velocidad mencionado en el párrafo anterior, se pudieron transmitir los conocimientos que fijamos como necesarios para cada materia, y la deserción fue baja, dentro los límites observados en otras cohortes. A lo largo del cuatrimestre se dio una convergencia en cuanto a la dinámica de las clases hacia una mezcla de actividades sincrónicas y asincrónicas. En un caso típico esto implicaba clases teóricas grabadas, clases sincrónicas tipo tutorial o para resolver problemas y la elaboración de dos trabajos prácticos en grupos chicos de estudiantes, más las evaluaciones. A partir de conversaciones con colegas y también experiencias fuera de la maestría, parecería que en la mayoría de los casos de éxito ocurrió este modelo que combina clases teóricas grabadas, clases presenciales y trabajos grupales.

No fue el caso de ningún curso de nuestro posgrado, pero existen cursos que se manejaron exclusivamente por listas de correo y subiendo materiales a algún repositorio. Por supuesto que esto también se suma a la categoría denominada “educación a distancia”, pero trae inmediatamente al consciente la comparación entre docentes leyendo en voz alta, a lo largo de una hora y fracción, los slides de una presentación y docentes que logran involucrar a los alumnos en una clase donde predomina un ida y vuelta de preguntas.

Comenzamos hablando en esta nota de características que explicaban, a nuestro entender, la permanencia en el tiempo de formas de enseñar. ¿Todo lo que ocurrió desde marzo nos está llevando a cambiar estas ideas? Sí y no. Si en la educación a distancia se implementan actividades presenciales, es posible conseguir el efecto de “charla alrededor del fuego”. En varias encuestas y discusiones en redes sociales se ve la importancia que los estudiantes dan a esta dinámica de clases. En general las consideran como “el cable” que los conecta más directamente con los docentes, y valoran que el intercambio sea mucho más rápido, efectivo y fresco que por escrito. 

La disponibilidad de clases grabadas también se valora positivamente, y aquí surgen algunos hechos que las ponen en ventaja con respecto a las presenciales: se pueden mirar en el momento en que uno tiene el nivel de atención necesario para seguirla; se pueden pausar, volver a atrás y escuchar algo que en una primera reproducción no se entendió; se puede acelerar la reproducción si el discurso es lento. Finalmente, un aspecto que los que nos formamos en otros contextos pasamos por alto: se puede marcar el momento o capturar la pantalla cuando se dice o muestra algo importante y se reduce la carga que implica tomar apuntes (aunque hay estudios recientes que muestran el impacto positivo de tomar apuntes). En síntesis, las clases grabadas presentan varias ventajas que las clases no pueden equiparar y transforman a nuestro sabio de la tribu en un sabio 2.0.

La lista de reinterpretaciones y contrastes entre la modalidad presencial y a distancia es larga. Pero, nuevamente, no era nuestro objetivo hacer una descripción exhaustiva. Al inicio de este cuatrimestre nos preguntábamos: ¿Se puede enseñar ciencia de datos a distancia? Definitivamente es posible; es una disciplina que se presta al uso de herramientas tecnológicas para la enseñanza y tuvimos una experiencia satisfactoria. El formato óptimo posiblemente incluya un complemento de actividades presenciales. Queremos hacerle notar a la lectora o lector el contraste con la opinión pre-pandemia: “las herramientas tecnológicas son un complemento de la clase presencial”. A medida que avanzó el cuatrimestre apareció una segunda pregunta: ¿Estamos aprendiendo algo? No nos referíamos tanto a los alumnos, a quienes tuvimos posibilidad de evaluar, y en efecto sabemos que aprendieron, si no a nosotros como docentes. Hemos ganado mucho, y este cuatrimestre nos ha dejado entusiasmados con todo lo que se puede hacer. Incluso para aquellos casos de cursos que vuelvan a un formato exclusivamente presencial, este tiempo seguramente les debería dejar enseñanzas sobre mejoras urgentes para esta modalidad.

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7 responses to “Si tuviéramos que enseñar ciencia de datos a distancia…”

  1. Julián Andrés Pico Larrota dice:

    Concuerdo con lo argumentado en el artículo, ya se habían señalado que la tendencia de aprendizaje era la virtualidad. Varias instituciones en Colombia, por ejemplo la ESAP, ya manejan hace años cursos a través de módulos, espacios personales para los estudiantes. Ahora, es un hecho que las instalaciones de educación superior deben darle prioridad a la educación a distancia, más concretamente a las herramientas pedagógicas de la virtualidad.

  2. Federico dice:

    Buenas! Mi pregunta es: ¿van a brindar éste posgrado a distancia?

    • Predictivos dice:

      Hola, por ahora -por motivos de público conocimiento- se harán los cursos de nivelación en forma online para aquellos aspirantes a ingresar al Ciclo lectivo 2021. Pero luego cuando se habiliten las clases presenciales se seguirán dictando de ese modo. No es la idea habilitar un modalidad virtual en paralelo a la presencial. Saludos

  3. Ximena Gomez del Valle dice:

    Vivo en una capital provincial y me desempeño como jefa de sistemas en un organismo público. Para quienes estamos lejos del puerto porteño y por logística familiar y laboral nos es imposible asistir semanalmente a clases presenciales en la UBA, creo que sería un gran avance en el siglo XXI poder cursar un posgrado a distancia. ¿Me insumirá tres años en lugar de dos, más dedicación para comprender el material online? es muy probable, pero prefiero utilizar el tiempo intentando descrifrar una lectura o batallar contra Python a pasarla incómoda en un micro de larga distancia, también estoy dispuesta a ir a rendir exámenes a Ciudad Universitaria .
    Les pido que tengan en cuenta que las universidades que ofrecen diplomados a distancia son en su mayoria privadas y muy caras para los ingresos que tenemos en las provincias, aún siendo profesionales, y hablemos claro, casi siempre nivelan hacia abajo, yo aspiro al nivel de la UBA, que es de mi país; no estoy aspirando al MIT ni a Oxford .
    Dado que esta nota habla del exito obtenido en la enseñanza online, y que a la cohorte online del 2020 le otorgarán el título de Especialista a fin de año, ¿qué impide a la UBA el ofrecer una maestría online sin disminuir un ápice el nivel?

    • Predictivos dice:

      Gracias por el comentario
      En el caso de nuestro posgrado hay una restricción reglamentaria, que incluye a numerosos posgrados de la UBA, y que marca un límite a la cantidad de horas virtuales que podemos dar. La UBA emitió una excepción temporal justamente para que podamos dictar las clases 100% a distancia durante este tiempo. Como comentamos en la nota, esta fue la primera experiencia en enseñanza 100% virtual para muchos de nosotros. No somos los únicos en considerar que se convirtió en una buena experiencia de la que se pueden extraer ideas a futuro y que nos llevó a mirar la educación a distancia con otros ojos. Hay temas a resolver, como bien mencionás, la forma de evaluar es uno de ellos -posiblemente tendría que ser presencial-, cómo considerar la dedicación docente -lleva más tiempo preparar clases a distancia-, el proceso de enseñanza parece ser un poco más lento, y otras cuestiones no menores. Pero creo que cuando esto termine vamos a ver un cambio lento en la corriente.
      Saludos

  4. Yessika Arrieta dice:

    Buen día, yo vivo en otro país y me encantaría que evaluarán la posibilidad de abrir la maestría 100% a distancia. La verdad el contenido que ofertan además de su experiencia es excelente y agradecería como muchas otras personas que la maestría fuera online.

    Muchas gracias.

    • Predictivos dice:

      Muchas gracias por el comentario
      En el caso de nuestro posgrado hay una restricción reglamentaria, que incluye a numerosos posgrados de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y que marca un límite a la cantidad de horas virtuales que podemos dar. La UBA emitió una excepción temporal justamente para que podamos dictar las clases 100% a distancia durante este tiempo. Saludos

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